El gorro es uno de los accesorios más importantes del recién nacido por una razón fisiológica concreta: los bebés pierden una cantidad significativa de calor a través de la cabeza, mucho mayor proporcionalmente que los adultos. En los primeros días de vida — cuando aún no regulan bien la temperatura corporal — un gorro adecuado marca la diferencia entre un bebé calmado y un bebé que se enfría rápido. Más adelante el gorro mantiene su función protectora frente al frío en invierno y el sol en verano.
Los gorros para recién nacido son habitualmente de algodón suave en formato cerrado tipo gorrito, ajustados a la cabeza sin presión. Se llevan prácticamente las 24 horas durante las primeras semanas, incluso en el hospital. Los modelos con detalle tipo "osito" o motivos infantiles son los más populares como regalo y como prenda emblemática de las primeras fotos del bebé.
Para el frío de los meses de invierno, los gorros de algodón doble o con detalles tejidos tipo punto añaden el aislamiento térmico necesario sin generar irritación. Los modelos con orejeras protegen además el área de los oídos — frecuente fuente de infecciones en bebés y niños pequeños cuando hay viento frío. Cubrir la cabeza es prácticamente obligatorio para paseos invernales.
En verano, el gorro de algodón ligero con ala o visera es la solución estándar para proteger la cara y los ojos del bebé del sol directo. La piel de los bebés es extremadamente sensible a la radiación UV — el sombrero no es opcional para paseos al sol o en la playa. Conviene complementar con cremas solares específicas para bebé.
Los gorros se ofrecen habitualmente en tallas según meses o según diámetro de cabeza. La talla recién nacido es válida para los primeros 1-2 meses; conviene tener varias tallas en rotación porque el perímetro craneal crece rápidamente los primeros 6 meses.
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